lunes, 5 de enero de 2009

DESDE LA PAZ...



LA PAZ, BOLIVIA. 19:16 H.
El capitán Nispero Corazón acaba de arribar a la capital boliviana. Ningún recibimiento honorífico, ninguna comitiva, ningún otro oficial del "EMIL" ha venido a recibirlo. Este es un capitán que aunque solitario se siente dueño del mundo.
Después de seis horas de calurosa fila Ipialeña en la migración ecuatoriana, aquel martes de mañanita, el capitán por fin logra atravesar "legalmente" la frontera colombo-ecuatoriana. Seis horas de espera que fueron suficientes para descomponer al hambreado, cansado y malhumorado capitán. A continuación, extractos de su diario mental personal:
- $%&/%$&·%"·"%$& %uta frontera!!!!
En su penosa espera el capitán conoce al teniente efectivo "Her Marcus". De nacionalidad Suiza, el teniente se encarga de entretener al capitán con mapas y figuritas de su "lonely planet". El teniente se ha dejado tentar por la belleza criolla de Medellín y allí tiene a su susodicha "Penélope" que ansiosa le espera.
Un tímido capitán posa "incómodamente" en la fila de "las seis horas" mientras un par de jovencitas pastusas, deslumbradas tal vez por la fuerza interpretativa de su sombrero, o por el enigma detrás de sus gafas chiviadas, le toman fotos al oficial Corazón. Con mucho "disimulis", las señoritas pastusas intentan parecer unas enamoradas del paisaje fronterizo en general. Logran incomodar al capitán, pero no al punto de impedir que en un lance arrebatado el capitán exhiba su mejor perfil "gregolombiano".
Después de un largo viaje a través del interior ecuatoriano por fin el capitán logra contactar al "sargento viceprimero Hugo Aviles", veterano suboficial que muy amablemente abrió las puertas de su cuertel general en Guayaquil a toda la comitiva colombiana que acompañaba al oficial Corazón: dos maletas mugrientas, el capitán, un tarrito de agua semivacío y el renombrado sombreo chino-texano.
En día de año nuevo, en tierra Guayaquileña, el capitán, ha decidido hacer parte del pelotón de ingenieros comandados por el sargento Aviles, que incansablemente y a través de diez y ocho penosas horas, lograron convertir una caja, tubos de cañería, tarros de papitas pringles, un ventilador viejo, pintura y mucho, mucho, pero mucho sudor en la versión criolla de "WALL E", un robotsito protagonista de una película que el capitán nunca ha visto pero que promete ver.
El capitán se pregunta:
- ¿diez y ocho horas de trabajo para quemar a nuestro hijo en diez minutos?
Son la paradojas del año nuevo...
WALL E Y EL PELOTÓN DE INGENIEROS-WALL E DIEZ MINUTOS DESPUÉS
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