
Buenos Aires, Argentina. 9:46 h.
A veintitantos días de haber salido de su batallón en Medellín, el capitán Nispero Corazón realiza un repliegue estratégico en la calurosa ciudad de Buenos Aires.
Después de atravesar territorio ecuatoriano, el oficial Corazón logra ganar la frontera peruana y visitar a su paso las ciudades de Chiclayo, Trujillo y Lima. El capitán se queda con Trujillo y sus playitas, un poco frías, mugrientas, peruanas, pero playitas al fin y al cabo.
En su camino peruano el capitán conoce a otros dos oficiales del "EMIL: tenientes efectivos, de nacionalidad estadounidense, de nombres Lisa y Ellis.
El Capitán intercambió "escupitas musicales" a punta de pum-chiqui-pum-pum-pumes con el teniente "Ellys", intentando hacer su versión colombo-yankee en rap de cualquier canción que se les ocurriera.
Ganada la frontera Peruana con Bolivia, en ciudad de Puno, la capacidad atlética del capitán es puesta a prueba: un raquítico peruano, en bicicleta, intenta conducir al oficial y sus pertenencias hacia el puesto de migración a veinte minutos de distancia. El oficial se siente como en Hong Kong. Apenado ante el esfuerzo peruano por conducirlo a su destino, y viendo que el piloto de la bicicleta tiene que bajarse a empujar su máquina porque empieza una subidita, el capitán Nispero Corazón, decide, a nombre de la hermandad latinoamericana, bajarse a pedalear la bicicleta ante la atónita mirada del comandante de la nave. Uno, dos, tres, cuatro pedalazos y el capitán se siente el rey del mundo, cinco, seis, siete y el capitán está a punto de sufrir un paro cardio-respiratorio: ¿ES QUE NADIE PUDO ADVERTIRLE AL CAPITÁN QUE SE ENCONTRABA A TRESMIL OCHOCIENTOS CUARENTA Y UN METROS SOBRE EL NIVEL DEL MAR? No. Pero el capitán tiene dignidad: se baja de la máquina y con disimulis se vuelve a instalar en el asiento abollonadito del piloto mientras con grandes esfuerzos intenta recuperar el aire que se le escapa. Por primera vez siente algo parecido al asma.
Remontada la frontera peruana y boliviana, el oficial corazón pernocta una noche en ciudad de Copacabana, Bolivia, al lado del lago Titicaca. El oficial se siente feliz: su platica le rinde al doble. Bolivia es un país barato, en términos de consumo.
Una vez más, el periplo suramericano del capitán lo hace recorrer Bolivia de punta a punta, hasta llegar a la ciudad fronteriza de Villazón: ahora su destino es atravezar la frontera y entrar a territorio argentino.
Entre las oficinas de migración de Bolivia y Argentina el capitán sumó varias horas de espera. Ahí viene su primera gran revelación espiritual: en suramérica existe un culto ritual con las filas, culto que se vuelve casi mortal cuando es mezclado con la ineptitud de los funcionarios migratorios.
El capitán por fin entra a territorio argentino en la ciudad de "La Quiaca", allí es inaugurado en su primer almuerzo de siete dólares. Está consternado: unos metros más atrás, en territorio boliviano, pago por una comida similar, menos de la mitad. Que falta de respeto económico con el capitán. Eso merecería un consejo de guerra, pero el capitán no tiene tiempo.
Después de pasar por las ciudades de Jujuy y de Salta, pernoctando también en cada una de ellas, de a una nochesita, el oficial Corazón por fin arriba a Buenos Aires, en donde los "aires" no estaban tan buenos esa vez por culpa del calor represado en un día de verano sin un silbidito de viento.
Desde entonces el Capitán Nispero Corazón aguarda en la capital argentina bajo la protección paternal del Cabo "Edwin De Los Ríos", quien muy amablemente le abrió las puertas de la casa que ha estado cuidandole a un venezolano de vacaciones en su patria, y en la cual ambos, los miembros del "EMIL", se sienten muy a gustito.


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